Autorretrato de espaldas con mi padre de la mano (Sandro Barrella)

Hacia el golf
de la mano
de mi padre.

Vamos

él con la mano
que deja
su impresión
en mi mano pequeña.

Vistos así
de espaldas
a una distancia
de media cuadra

tomando como punto
de mira
la vereda
de casa

no es difícil saber
que estoy a la derecha
de mi padre

que en el autorretrato
ocupa
el eje vertical
de más altura.

Vamos
mi padre y yo
de la mano

hacia el golf.

¿Estamos de pequeños,
como quien dice de un barco
en medio
de una tormenta,

en medio de la noche
del agua
ebria del mar

apartados

de tierra firme
la lengua
afuera

estamos

quiero decir,
de pequeños,
en la mano de un dios?

Habla poco mi padre
pero su mano
es fuerte.

Ha dejado por un rato
la carpintería
para llevarme
al golf.

Por eso tengo ahora
visto de espalda

¿se ve?

mi mano
dentro del hueco

de su mano
como la boca

de una ballena
que traga
la parte líquida
del mundo,

mi mano
dentro del hueco

de su mano
tremenda.

Es domingo
en el autorretrato

¿se ve?

es temprano
y seguimos caminando

hacia el golf.

Los domingos,
cuando mi padre deja
por un rato
la carpintería

vamos

yo a su derecha
con mi mano
en el hueco

con mi mano
en la boca
del leviatán.

¿Será mi padre
de mi mano
hacia el golf
el hombre
más fuerte
del mundo?

¿podría
con su mano terrible
derribar
de un solo golpe
el árbol más alto
del golf

el árbol
hacia el cual
nos dirigimos?

¿podrá
con el revés
o el puño
mandar al otro mundo
a los villanos
que me quitan el sueño?

¿podría,
como el Zorro,
convertir a su mano
en instrumento
de justicia?

No le suelto
la mano
a mi padre.

Le pido
que a la vuelta
del golf
me deje que lo mire
trabajar
en silencio.

Estamos por cruzar

aun sujetos
mano con mano

mi padre y yo.

Mi padre se detiene
y lo sigo
y me paro
en seco,

pasan dos autos
que no reconozco
salvo
por el color.

Ahora

dice mi padre
y cruzamos
firmes
las manos

como agua
mi mano
pequeña
dentro de su gran mano

y el leviatán
que ya me suelta

y entonces sí,
me suelto

¿se ve?

y entonces corro

ahora sí
corro hacia el árbol
y mi padre me mira

sin hablar
en silencio

me mira
correr
como loco

las manos libres

y el viento
que mueve
mi remera
de Astroboy
el viento
como un cometa a máxima velocidad

¿se ve?

el viento en la cara
me despeina

me hace cerrar los ojos
un poco

y corro desparejo
como loco
sin garbo

como Emil Zatopek

en los juegos olímpicos
de la era moderna
que vi
en un documental

donde le daban
una medalla
por los cinco mil
y otra por los diez mil
y otra más
por el maratón

oro puro del barón Pierre de Coubertin

corro

como la locomotora checa

corro sin darme vuelta
para llegar
al árbol

antes
que mi padre.

(De El golf) 

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