Beatriz Vallejos

Había una casa lisa de palabras

y tantos hombres murmurantes

y ella entró desnuda y con sus cosas,

sus sí sus nó sus largamente ojos;

los recorrió de piel, los marcó

claramente

y se fue cortajeada inconmovible;

apenas el aire la palpó no miró atrás

cayó en su luz y estuvo limpia.

 

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