Mientras corren los grandes días

Arde en las cosas un terror antigüo, un profundo y secreto soplo,

un ácido orgulloso y sombrío que llena las piedras de grandes /agujeros,

y torna crueles las húmedas manzanas, los árboles que el sol /consagró;

las lluvias entretejidas a los largos cabellos con salvajes perfumes y su /blanda y ondeante música;

los ropajes y los vanos objetos; la tierna madera dolorosa en los /tiernos violines

honrada y sumisa en la paciente mesa, en el infausto ataúd,

a cuyo alrededor los ángeles impasibles y justos se reúnen a recoger /su parte de muerte;

las frutas de yeso y la íntima lámpara donde al atardecer se condensa,

y los vestidos caen como un seco follaje a los pies de la mujer desnudándose,

abriéndose en quietos círculos en torno a sus tobillos, como un /espeso estanque

sobre el que la noche flamea y se ahonda, recogiendo ese cuerpo /melodioso,

arrastrando las sombras tras los cristales y los sueños tras los /semblantes dormidos;

en tanto, junto a la tibia habitación, el desolado viento plañe bajo las /hojas de la hiedra.

¡Oh Tiempo! ¡Oh, enredadera pálida! ¡Oh, sagrada fatiga de vivir…!

¡Oh estéril lumbre que en mi carne luchas! Tus puras hebras trepan /por mis huesos,

envolviendo mis vértebras tu espuma de suave ondular.

Y así, a través de los rostros apacibles, del invariable giro del Verano,

a través de los muebles inmóviles y mansos, de las canciones de /alegre esplendor,

todo habla al absorto e indefenso testigo, a las postreras sombras /trepadoras,

de su incierta partida, de las manos transformándose en la gramilla /estival.

Entonces mi corazón lleno de idolatría se despierta temblando como /el que sueña que la sombra entra en él y su adorable carne se licúa

a un son lento y dulzón, poblado de flotantes animales y neblinas

y pasa la yema de los dedos por sus cejas, comprueba de nuevo sus /labios y mira una vez más sus desiertas rodillas,

acariciando en torno sus riquezas, sin penetrar su secreto,

mientras corren los grandes días soBre la tierra inmutable.

 

ENRIQUE MOLINA (de Las cosas y el delirio)

 

 

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