“Cataratas” / Héctor Viel Temperley

Hace tiempo que Cristo

está crucificado en luz

y no en madera.

Y estar crucificado en luz

y volar

es una misma cosa.

 

Junto a las iguanas

que apenas si se ven

correr como alfileres al sol,

sobre las piedras,

me quito la camisa,

me arranco las espuelas

(no debemos luchar

contra ningún demonio,

dicen mis teólogos,

tenemos que luchar con nuestro ángel

para que él nos venza).

 

Las aves

que hacen sus nidos en las rocas,

casi bajo las aguas,

parten de pronto con las alas húmedas

y el estruendo en su pecho diminuto.

 

Arqueo suavemente el pubis

hacia las cataratas

o mucho más arriba,

hacia el Dios Creador, el nuevo Hijo

que desprende una mano de la cruz

y la apoya en mi sexo,

azul esta mañana.

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