Juan José Ceselli / Surrealismo

El pecado es uno de los caminos hacia la santidad


Y de pronto todo desaparece. Nada queda. Ya no hay muebles de piel cálida con cajones blandos y superficies curvas como las nalgas de ella. Sus ademanes se han confundido con el silencio y las paredes han quedado vacías y frías como la muerte. ¿Es que ha llegado el fin? ¿Dónde está el calor tórrido de su aliento? ¿El rumor de su pulso? Mi almohada es sólo una mancha de suspiros que duermen y yo quiero abrir las puertas, abrazar las cortinas, besar los espejos y sólo encuentro rincones con pedazos de memorias dormidas y profundas cavernas entre sus horquillas olvidadas por la noche. De un salto me planto en el centro de la habitación y la hago girar y girar hasta que siento que algo espeso corre a lo largo de mi ser, mientras el vendaval ruge y el césped se tuerce como si Ella lo pisara.


(de
El paraíso desenterrado, extractado por Valentina Catulo, danke!)

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