“Animales feroces”, Soledad Castresana

soledad

Que los tigres y los leones no te dejaban dormir. Que no eran malos, que tenían frío y querían meterse en tu cama. Pero no había lugar para todos.

No importa. Esas cosas pasan, te dije, mientras sacaba las sábanas rajadas y empujaba a los animales hacia la puerta.

Fragmento de Bailarina privada, de Daniel Muxica

no pequeñas escenas debí suponer más tiempos enormes para cada salto sobre mí, está siempre en el aire; pienso que renunciaré, que ya no la veré nunca, que ya no la oiré nunca, que ya no la tocaré nunca, que ya nunca tendré deseos

pero está ahí está ahí

luciendo el corazón desnudo entre los senos

Con cucarachas, de Patricia Severín (de su poemas con bichos)

Tapa de Poemas con bichos

 

 

 

 

 

 

 

 

Virginia vive en Buenos Aires. Piso 10. Depto. 8

La casa de campo

alberga mis días y los mismos bichos

pequeños

claros

casi traslúcidos

Alborotan cañerías, alacenas, paredes, heladera

Nunca estarán vencidas

Desde los comienzos de la humanidad no hay compañía más fiel

Son como los recuerdos

Patricia Severín

(Virginia piensa:

también es bueno pisar recuerdos de vez en [cuando)

Fragmento de Bailarina privada, de Daniel Muxica

no pequeñas escenas debí suponer más tiempos enormes para cada salto sobre mí, está siempre en el aire; pienso que renunciaré, que ya no la veré nunca, que ya no la oiré nunca, que ya no la tocaré nunca, que ya nunca tendré deseos

pero está ahí está ahí

luciendo el corazón desnudo entre los senos

Vísperas, de Jacobo Fijman

Toque de vísperas de fiesta.

Presentimientos.

Mi corazón es blanco de ternura.

¡Solemnidad!

Hablamos en voz baja.

Un árbol canta como un niño

piadoso

todo blanco de estrellas.

Mi corazón es blanco de ternura.

de El Himalaya o la moral de los pájaros, de Miguel Ángel Bustos (1970)

 

“[…]

-6-

No, yo no voy en este cuerpo que me lleva, ni toco en el agua un elemento que fluye y se estanca hasta morir. A quien ves, cuando me miras, es aquel rostro que te doy por miedo de jamás ver tu calavera que finge ojos verdes, húmedos lentos sobre tu boca que recita letanías entre incienso y campanas que están en mí. Oigo tu voz idéntica en vos, ajena a mi memoria que te quiere inmóvil. Si me siguieras, si llegaras a mi cristal. En su casa de Fulgores, ¿quién podía decir: yo, me siento el yo de mi rostro para vos? Estaría en vos y hablaría a aquel mi cuerpo que cree poseerme. Terrible si alguna de tus almas, huyendo de la eternidad que nos persigue en la infinita repetición, no sienta la ausencia, la ausencia del viento y el sonido caer en cuerpos imaginarios, muertos y errantes en la noche inmortal.

Si alguien me preguntara qué soy; porque ciertas sombras marean; le diría: no soy todo, ni nada, ni algo. Con mi cristal soy el planeta que te lleva por mares a tierras de oro y rapiña y el horizonte te lo doy yo.

{…}

 

De Bailarina privada, de Daniel Muxica

“Bailarina estelar”

 

Estrellarse debería ser en realidad chocar

en forma culminante con una estrella

no se cae hacia arriba

ningún alma viaja tan liviana

como para andar más desnuda que el aire.

 

(Liliana Guzmán, in memoriam)

Daniel Muxica