El animal, de Juan Gelman

Cohabito con un oscuro animal.

Lo que hago de día, de noche me lo come.

Lo que hago de noche, de día me lo come.

Lo único que no me come es la memoria. Se encarniza en

palpar hasta el más chico de mis errores y mis miedos.

No lo dejo dormir.

Soy su oscuro animal

(de Salarios del impío)

las sombras (con audio de Fernando Baroli. Bien!)

https://soundcloud.com/fernando-baroli/sombras-edgar-bayley

[Gracias Fernando Baroli por tu versión, apropiación del poema!!!!!]

 

deja que esta noche llegue hasta el borde del agua

deja que la sombra oculte poco a poco el mar

él no interrumpe su ronda

no hace pausas en su camino y sigue cantando en tu corazón

deja que esta noche sorprenda nuestro eco

y la tierra firme de tu alma

 

si miras mejor las sombras perderán su equilibrio

se abrirán en claridades y el agua volverá a su cauce

 

si miras mucho ellas rasgarán sus entrañas

y el alba saldrá del mar

para tendernos una mano mojada

y un silbido largo y limpio

 

entonces podremos andar por los atajos y los montes

hasta la noche siguiente

hasta que se acerquen otra vez los bordes del agua

los lindes del espejo y de la luna

 

EDGAR BAYLEY (de La vigilia y el viaje)

VI

cuerpo que me temblás entrado al alma/

frío que me enfriás/ manito tuya

manando sombra/ sombra/ sombra/ sombra

¿paro tu deshacerte en algún lado?/

 

¿te rejunto otra vez?/ ¿te apeno el habla?/

¿te duelo el nunca?/ ¿más?/ ¿o nunca más

me mirará hermoseando tu hermosura?/

¿descansás de tu piel?/ ¿desquerés mucho?/

 

¿me escuchás/ deteniendo tu pasaje

fuera de vos?/ ¿carita que solés

iluminarme el animal?/ ¿o pena?/

¿recorrerme la cielo/ como sol?/

 

JUAN GELMAN (de Carta abierta)

Mientras corren los grandes días

Arde en las cosas un terror antigüo, un profundo y secreto soplo,

un ácido orgulloso y sombrío que llena las piedras de grandes /agujeros,

y torna crueles las húmedas manzanas, los árboles que el sol /consagró;

las lluvias entretejidas a los largos cabellos con salvajes perfumes y su /blanda y ondeante música;

los ropajes y los vanos objetos; la tierna madera dolorosa en los /tiernos violines

honrada y sumisa en la paciente mesa, en el infausto ataúd,

a cuyo alrededor los ángeles impasibles y justos se reúnen a recoger /su parte de muerte;

las frutas de yeso y la íntima lámpara donde al atardecer se condensa,

y los vestidos caen como un seco follaje a los pies de la mujer desnudándose,

abriéndose en quietos círculos en torno a sus tobillos, como un /espeso estanque

sobre el que la noche flamea y se ahonda, recogiendo ese cuerpo /melodioso,

arrastrando las sombras tras los cristales y los sueños tras los /semblantes dormidos;

en tanto, junto a la tibia habitación, el desolado viento plañe bajo las /hojas de la hiedra.

¡Oh Tiempo! ¡Oh, enredadera pálida! ¡Oh, sagrada fatiga de vivir…!

¡Oh estéril lumbre que en mi carne luchas! Tus puras hebras trepan /por mis huesos,

envolviendo mis vértebras tu espuma de suave ondular.

Y así, a través de los rostros apacibles, del invariable giro del Verano,

a través de los muebles inmóviles y mansos, de las canciones de /alegre esplendor,

todo habla al absorto e indefenso testigo, a las postreras sombras /trepadoras,

de su incierta partida, de las manos transformándose en la gramilla /estival.

Entonces mi corazón lleno de idolatría se despierta temblando como /el que sueña que la sombra entra en él y su adorable carne se licúa

a un son lento y dulzón, poblado de flotantes animales y neblinas

y pasa la yema de los dedos por sus cejas, comprueba de nuevo sus /labios y mira una vez más sus desiertas rodillas,

acariciando en torno sus riquezas, sin penetrar su secreto,

mientras corren los grandes días soBre la tierra inmutable.

 

ENRIQUE MOLINA (de Las cosas y el delirio)