Cambiar el paradigma es el desafío

Sí. Que el lector se sienta obligado a cambiar de lentes cada vez que cambia de poeta, a renovar sustancialmente la propia manera de apreciar lo escrito. Claro que  esto implica reinventarse cada vez: como quería Oliverio, una nueva virginidad para cada nuevo amor. Y es necesario insistir, porque hay un desfase entre la escritura hoy, y me refiero especialmente a la poesía, y la manera en que se la sigue leyendo. Como dice Gustavo Guerrero con correcto eufemismo, “el horizonte de recepción no ha logrado renovarse con la misma rapidez [que los espacios de creación]”. Sigue GG: “A la manera moderna, todavía se sigue esperando que un poema nos conmueva, sentimentalmente hablando, cuando, hoy como ayer, la poesía es capaz de hacer muchas otras cosas: interpelarnos, asombrarnos, dejarnos perplejos, hacernos reír, hacernos pensar, suscitar disgusto, alegría o rechazo. También a la manera moderna, aún se alzan voces para decir/ que esto o aquello no es poesía, cuando el problema hoy es justamente el de su indeterminación conceptual” (Cito a Gustavo Guerrero en su prólogo a Cuerpo plural. Antología de la poesía hispanoamericana contemporánea. Valencia, Pre-textos , pp. 31/32).