El poema de la semana

Para el miedo de que hablaba Drumond y que padecen mis contemporáneos

Más cálido que el abrazo de una mujer

te cerca.

Estas cabezas no fueron hechas para su aliento

que ahora te ciñen como una diadema.

 

Aférrate hijo mío

que está soplando el miedo

como un coral cantado por los ángeles.

No le entregues tu sangre

tu vasto corazón donde se rompe el cielo.

Potros domados somos.

 

A nada temas

sino a la boca próxima del miedo

a esas espesas torres que levantan los hombres

para no ver la noche que se cierne.

 

(Damaris Calderón -Cuba, 1967-)

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