Para pensar la poesía

La poesía puede ser visión, visiones, sin duda, y su puesta en texto. Algo de esto sabía el joven Arturo R; y, más modestamente -al menos, con menos tormenta- entre nosotros un surrealista como Juan José Ceselli en un “libro joyita” como El paraíso desenterrado.
    Y, también, Ella es pensamiento, aunque más que su puesta en texto, diría que es lo que se piensa con y en el texto. Esta es la experiencia del que a partir de un mero sonido, una palabra tal vez, termina desarrollando lo insospechado. Desde luego, esta experiencia se da asimismo en la narrativa, por ejemplo. Pero quién dijo que no es poesía. En efecto, los remito al Maestro Dorra en su excelente “¿Para qué poemas?”.
    Poéticas hay muchas. Muchas. Sin embargo, me atrevo a arriesgar lo que creo una verdad extendida: poesía es voz. O silencio, claro; pero de éste no queda más que prestar el ser-oído en tensión rotunda. Cuando es voz vienen todos los accidentes geográficos, posibles e imposibles: inflexiones, modulaciones, timbres, ritmos, cadencias, agitaciones, sofocos. Ocurre que la poesía es cuerpo. Ocurre que la poesía ocurre en el cuerpo. Y no se puede llegar a ella, si no es con la totalidad de uno mismo; ésta es su dificultad. Y su facilidad. Alianza monogámica, pero con muchas caras. Amor que exige exclusividad.
    El trabajo poético es un cuerpo a cuerpo con el lenguaje, que en parte refiere Julito cuando describe punto a punto la acción de calzarse los auriculares para ingresar en la caverna negra. Entonces, todo se transforma. Y lo que venía siendo aparentemente mero relato, cobra el ritmo de la respiración, el lenguaje se le hizo otro, o bien él mismo se hizo lenguaje.
En fin, certidumbres que se van adhiriendo, que van fluyendo, que se van armando.
M.A.R.
Obra de: Eduardo Zabala

Dice Hélène Cixous:

“Pensar es tratar de pensar lo impensable: pensar lo posible no vale la pena. Pintar es tratar de pintar lo que no se puede pintar, y escribir es escribir lo que no se puede saber antes de haber escrito: es presaber y no saber, ciegamente, con palabras. Sucede en el punto donde se encuentran la ceguera y la luz”.

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